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Información y Opinión para la Era Ambiental

jueves, marzo 17, 2005

Requiem por "Tenaza"

"Tenaza" nació hará apenas unos dos años, y vio la luz por primera vez en los maravillosos cotos del Parque Nacional de Doñana, tal vez arrollado por el murmullo del viento de Abril en los altos pinos piñoneros que sujetan con fuerza la arena de las vigorosas dunas escapadas del mar. Tal vez tuviera un hermano o hermana con el que compartió los juegos de la niñez entre el jaguarzo y la jara, mientras seguían a la vigilante y amante madre en sus rondas por las orillas de las marismas,o de las siempre verdes veras de los arroyuelos. Quizás fuera una buena primavera, de vida fácil, con su madre velando por su tierna vida, limpiándolo a menudo con su áspera lengua mientras intentaba él morderle la cola, apuntando maneras de gran cazador, aunque todavía sin mucha puntería. Tal vez llegó un momento en el que la gran gata se dió cuenta de que sus cachorros ya mordían con fuerza y seguridad, y les dejó compartir su primer bocado de carne, un conejo gordo recién cazado. Ese día se mancharon sus pequeños bigotes con sangre por primera vez. Se acercó el aterrador verano andaluz, y al final se instaló con firmeza sobre las marismas, acallando casi todos los ruidos con el furor de su sol, a excepción de las incansables cigarras, nunca aburridas de tocar los violines de sus patas. Suerte que las veras siempren disponen de alguna sombra fresca donde pasar el día holgazaneando, echados los hermanos uno encima del otro, o sobre la madre que, paciente, aguanta estoica los bocados juguetones de "Tenaza" y su otro cachorro. Por la noche, ella les enseña los misterios del acecho y de la caza, y ellos, fascinados e impacientes, son incapaces de no asustar inmediatamente a un conejo o a una perdiz gorda. Avergonzados, buscan el consuelo de la cazadora experimentada, que entonces tal vez atrapara vivo un gazapo para que ellos pudieran dar el bocado mortal tras varios intentos torpes.
Con el tiempo mejoraron, y crecieron, y, por fin, llegaron a cazar. Orgullosos por su éxito, "Tenaza" y su hermano actuaban de ojeadores para su madre, o levantaban una presa para que ésta corriera hacia un emboscada mortal. La vida estaba bien, cazar en equipo era entretenido, y las marismas bullen de presas casi en cualquier época del año.
Pasó el tiempo, y al calor le siguieron las lluvias de Otoño, que inundaron las marismas, y volvieron un año más los impresionantes flamencos. Y el templado Invierno se sucedió sin mucho ruido, aunque tal vez tuvieron que apretarse un poco el cinturón, pero como todos en esa época de días cortos y noches largas de estrellas frías.
A la luz de la nueva Primavera, ya no habría dos cachorros, si no dos bravos gatos casi del tamaño de su madre, rebosando orgullo por los cuatro costados, pues dominaban la caza, y aunque el asustadizo conejo consiguiera escapar en ocasiones, habían ganado algo de la paciencia de la edad. Ya habría otra oportunidad para atrapar uno. Fue entonces cuando tal vez las cosas se torcieron un poco para "Tenaza" y su hermano. Su madre, siempre atenta y mimosa, empezó a mostrarse cada vez más distante, para acabar convertido su amor en abierta hostilidad para su prole. Confundidos, y tal vez un poco asustados, se acabaron apartando de su lado e intentaron evitar sus senderos de caza. La vida seguía, y la comida volvía a ser abundante, y aunque seguramente echara en falta el olor familiar de quién le enseño a cazar, o el tono de sus ronroneos, "Tenaza" y su hermano decidieron deambular y ver mundo, y recorrieron senderos de caza extraños y dunas que antes no habían visto, encontrando olores en los arbustos de esas sendas parecidos a los propios y a los de su madre, pero sutilmente diferentes, olores inquientantes y atrayentes al tiempo, aunque no sabrían decir por qué. Con el tiempo encontraron a linces extraños, grandes machos orgullosos y hostiles, con más de una cicatriz y dispuestos a infringirles las primeras a ellos si se empeñaban. Tras varios encuentros, su andar se hizo más discreto.
El año volvió a avanzar, y en un momento dado, tal vez en la época de vacas algo flacas del Invierno, su hermano y él tomaron caminos diferentes, pues la comida no alzanzaba para los dos. Fue un Invierno solitario, sin un lomo caliente y familiar en el que poder dormir, o un ronroneo reconfortante.
Pero todo sigue su marcha, y la primavera empezaba a olerse de nuevo en el aire. Esencias frescas invadían todo, y con ellas llegaban otros olores, unos que le provocaban de una forma extraña. No lo sabía, pero el amor había empezado también sus andaduras primaverales, y quizás alguna gata joven anduviera por las cercanías.
Se repitieron sus encuentros desagradables con grandes machos, y auque esta vez se arredró menos, tal vez decidiera que ya estaba bien de andar por las sendas que otros habían marcado, y hacer las suyas propias. Lleno de decisión, se alejó de las dunas y los cotos familiares, dejando atras el agua limpia de los arroyuelos de las veras. Con el tiempo, tras atravesar un prado desconocido a la luz de las estrellas, llegó a un terreno que olía equivocado. Era duro e irradiaba algo de calor, y olía raro y de forma desagradable. Un ruido repentino le espantó, y un resplandor lo cegó completamente, no tuviendo tiempo su retina de adaptarse al rápido cambio de luz. Tuvo miedo, evidentemente, pues no podía ni ver ni oir nada a causa de la luz y el ruido. No tuvo ninguna oportunidad de esquivar al objeto que se abalanzó sobre él a gran velocidad. Ojalá no tuviera tiempo ni de saber qué le golpeo arrancandole una vida que todavía no había empezado a llenar. Un coche a toda velocidad lo atropelló en la carretera del Rocío a Matalascañas.
Nos quedamos sin linces, y a mi me da la impresión de que lo que dicen que se hace es una nadería en comparación con lo que de verdad necesitaría esta maravillosa especie. Para empezar, y lo dejo aquí por no alargarme más, deberían clausurar todo el tráfico en las carreteras dentro y en las inmediaciones de Doñana, como medida de urgencia. Si no hay voluntad, tal vez el próximo en caer sea el hermano de "Tenaza", y sinceramente, prefiero seguir disfrutando de linces, aún a riesgo de que tal vez mientras se ponen otras medidas para evitar los atropellos y se garantice una dispersión de jóvenes segura no pueda ni celebrarse el Rocío, ni veranear en Matalascañas ni visitar el Parque Nacional.

1 Comentarios:

At 9:45 a. m., Blogger lu said...

http://www.worldchanging.com/archives/002358.html

el renacimiento de un "environmentalista" ... para mmp et al

tanta sincronía asusta, y tal :)

 

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