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Información y Opinión para la Era Ambiental

jueves, julio 14, 2005

A propósito del "Canibalismo" -IV-

Antes de afrontar cuestiones relativas a si todo lo que la ciencia indica como posible debe ser llevado a cabo necesariamente, o de si el bien común debe orientar el camino de las aplicaciones tecnológicas de los descubrimientos científicos, me resulta atrayente poner sobre el tapete los intereses que se hayan detrás de los postulantes de la libertad de ciencia y de mercado en esta cuestión.

Una pluralidad de motivos justifican las demandas en favor de la libre investigación biotecnológica. En un primer escalón, se halla el desafío científico, esa inquietud innata en los hombres (no digamos de los investigadores científicos) de aspirar a saber más y más, a alcanzar con su razón el lado oscuro de la realidad. Ese desafío que nos ha llevado a las actuales situaciones de control (y descontrol) de las leyes de la naturaleza.

El motor del progreso humano lo ha constituido para muchos la defensa de la libertad. Teorías filosóficas y políticas no han faltado al respecto. El deseo de libertad hizo caer muros que impedían el desarrollo humano, ¿por qué tendríamos que cerrar puertas y ventanas para impedir que el aire siga corriendo por los laboratorios biotenológicos?

El malo de la película lo constituye el deseo de algunas empresas de producir plantas y animales transgénicos o clónicos y de patentarlos como si fueran meros «inventos», así como de prestar servicios ligados a estas técnicas de manipulación genética, a la espera de explotar sus creaciones para obtener grandes beneficios económicos.

Las posibilidades de producir alimentos en masa, con mayores capacidades nutritivas, de fácil y rápida producción e independencia de las circunstancias concurrentes (riqueza de suelos, plagas y enfermedades, etc.) no escapan a las promesas de la manipulación genética.

La curación de enfermedades podría venir de la mano de la biotecnología. En este campo las posibilidades de la medicina parecen ilimitadas. La lucha genética contra virus y bacterias, enfermedades degenerativas, cáncer, envejecimiento (la Fuente de la Eterna Juventud)..... Incluso las posibilidades de creación en laboratorio de órganos y tejidos para trasplante podrían ser plena realidad.

La lucha contra la contaminación ambiental o el freno a la desaparición de especies de flora y fauna podría venir de la mano de la alteración genética de las formas de vida. ¿Por qué no clonar especies desaparecidas o crear nuevas especies?

Algo más inquietante como el control político y social de los ciudadanos podría llevar a los poderosos a asomarse al campo de la ingeniería genética. Todos recordamos el Mundo Feliz de Aldous Huxley.

Nuestros seres queridos podrían ser recuperados de sus tumbas o alejados de la desaparición con la clonación de sus genes.

Y ¿por qué no soñar con un mundo-paraíso donde el hombre no tuviera que realizar las tareas penosas de nuestra sociedad? Para ello nada mejor que la creación de seres (¿animales?) que se encarguen de dichas tareas.