Ecoblog

Información y Opinión para la Era Ambiental

sábado, octubre 02, 2004

Imágenes y reflexiones a la orilla del mar

Gracias mil a un Naturalista con mayúsculas por aportar su granito de arena al ecoblog.
No sólo es una belleza lo que describe, sino que la forma de mirar a su alrededor mezcla a partes iguales el amor por los detalles, el asombro y la delicadeza en la reflexión.
Repito una vez más, gracias Alejandro, por enseñarnos a ver los paisajes de la naturaleza y los del alma.

"IMÁGENES Y REFLEXIONES A LA ORILLA DEL MAR.

Entre Guardamar y Torrelamata hay unos 8km. de inmensa playa rectilínea, desnuda y grandiosa. Un largísimo y ancho cordón de dunas, con pino piñonero, la separa de la carretera y casi del mundo exterior. En el verano, como todas las playas, muy visitada; pero, es ahora, con la llegada del otoño, cuando se convierte en una delicia recorrerla y saborearla, con el azul Mediterráneo invitándote a sumergirte.

Dos amigos la recorren por segundo año consecutivo en estas mismas fechas, anotando cuanto ven, a modo de seguimiento anual. Antes, para Raquel, estas playas eran desconocidas y ahora las compara con las de La LLana y piensa que estas últimas son algo más acogedoras: “Son algo más sinuosas y así no ves el principio y el final, pero aquí la arena es más fina y las dunas más grandes y fantásticas”. Tiene razón.

La proximidad de las salinas de Santa Pola y Torrevieja hace que sea posible alguna interesante observación de aves.

Por el camino me alegra comprobar que un asiduo visitante de nuestras costas, proveniente de la lejana tundra Siberiana, el correlimos menudo, ya ha llegado. Como perfecto conocedor de la zona parece acompañarnos por la playa durante unos metros, mostrándonos sus encantos, a modo de voluntarioso guía no contratado, fiel reflejo de esas amables personas que hacen de la vida un placer.

En esta playa también hay rocas, pero están muy disimuladas, apenas asoman del agua, y solo son más perceptibles cuando la ola se retira. Son tímidas, pero entre sus hendiduras acogen a los cangrejos ermitaños, las lapas, multitud de plantitas y algas. Y si la mar está en calma, se convierten en el paraíso de los archibebes y los zarapitos. Estas rocas me recuerdan a esas madres que apenas figuran y que todo lo dan. Raquel se detiene y las contempla, algo ve en ellas, y me pregunto si percibe lo mismo que yo.

Estos pequeños cangrejos, cuyo mundo no es más que estás perdidas rocas en el mar, no contactan nunca con nuestro mundo de las prisas y el estrés, de los ruidos y la contaminación, de nuestras guerras…

Prismáticos en ristre vemos: chorlitejos, correlimos, gaviotas (sombría), charrancitos y charrán común. Vienen a nuestra cita anual. Desde lejos un cormorán nos mira, nos recuerda, nos dice adiós. Como en la vida real, es decir la que nos espera después del atardecer, sobre las dunas.

Ascendemos a ellas, inquietas dunas que borran cuanto escribes en ellas; nuestras pisadas profanas ¿por cuánto tiempo permanecerán? Pero nuestras vidas dejan huellas en los corazones que dicen los “sabios” son imborrables.

Un madero, que quizá conozca de tempestades y galernas, varado y tranquilo ahora entre las dunas, nos presta su lomo como romántico banco de algún lejano jardín. Y mientras el Quijote que llevamos en la cabeza nos hace hablar de la amistad y el amor, el Sancho Panza de nuestros estómagos nos hace mirar la merienda que hemos traído en nuestras mochilas: dos manzanas cada uno. No es consuelo para Sancho, pero al menos es indicativo de que ambos no nos hemos ignorado al echarlas: “Te he traído una manzana” “Y yo”.

Por la playa una chica con medio bikini se pasea y mis prismáticos que perseguían un chorlitejo se detienen en ella, cuando continúan, el chorlitejo, celoso, ya no está. Se habrá detenido también Raquel a mirarla, no se lo pregunto y así mi interrogante pasa a formar parte de esa larga fila de preguntas sin respuesta. Es curioso, pero en las personas hay muchas respuestas que están siempre esperando una pregunta, por eso es bueno preguntar.

Quedan poquísimas azucenas de mar sobre las dunas, ella las fotografía con su modernísimo móvil. La inigualable fragancia de estas flores, que nadie debería arrancar, y que solo percibes pegado a la flor, está en línea con la timidez de todo lo que hay aquí: los pinos, tras las dunas, achaparrados por el viento apenas se asoman al mar, las disimuladas rocas, las huidizas dunas, las perdidas avecillas en un cielo tan enorme…Todo es tímido menos el mar infinito.

No recuerdo si todo esto está protegido, pero Raquel me asegura, y con mucha razón, que si no lo estuviese edificios veríamos en lugar de dunas.

No mucho más puede verse por aquí, pero si constatar que no hemos visto aves petroleadas y sí mújoles muertos.

El sonido de nuestra conversación se lo lleva el viento, pero nuestras reflexiones y las imágenes ya son nuestras, para siempre.

Desde la altura de las dunas vemos el sol ponerse y dibujar siluetas curvas y obscuras, y doradas pendientes.

Otoño del 2.004 Alejandro Romero Angles."


1 Comentarios:

At 6:33 p. m., Blogger juanpgarcia said...

"(...) pero en las personas hay muchas respuestas que están siempre esperando una pregunta". Qué cosa más bonita!! Alejandro.

Mil gracias por enseñarnos con este texto dónde se encuentra de verdad la realidad.

 

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