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Información y Opinión para la Era Ambiental

sábado, diciembre 04, 2004

Las tribulaciones de un naturalista de agua dulce en alta mar VIII

Día 8: Mal tiempo al fin (30-XI-2004)

Y por fin se alzaron los vientos y el cielo se cerró, y al octavo día pudimos reposar. Según las previsiones que Toño había visto por Internet la tarde anterior, el viento soplaría con fuerza cuatro, lo que supone fin de esfuerzo de observación ante la imposibilidad de distinguir un delfín de una ola que rompe entre millones de otras olas rompiendo al mismo tiempo. Por lo tanto, no nos despertamos hasta por lo menos las nueve y media, todo un lujo con lo habitual, que oscilaba entre las siete menos cuarto y las siete. Más repuestos tras las horas extras de sueño, nos esperaba un día más o menos libre para poder descansar, pasear o lo que no viniera en gana. Por lo tanto, ante la imposibilidad de daros ninguna crónica naturalística de aquel día, aprovecharé para explicaros un poco como funcionan las cosas a bordo y que es lo que hacemos exactamente.
Esta campaña de salidas está enmarcada dentro de un proyecto científico subvencionado en parte por los fondos Life de la Unión Europea, y en parte por el Ministerio de Medio Ambiente y las distintas Consejerías de Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma de Murcia y de la Junta de Andalucía, con el fin de evaluar la presencia, abundancia, estatus poblacional y unas cuantas cosas más de diversas especies de cetáceos y de la Tortuga boba en las costas del litoral andaluz y murciano, con el fin de declarar diversas figuras de protección para los mismos si se cumplen ciertos requisitos. Dicho proyecto está gestionado por la Sociedad Española de Cetáceos (SEC), y en el cual participa la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), grupo de aguerridos paladines medioambientales al que pertenezco. Para llevarlo a cabo se disponen de tres barcos, siendo uno de ellos el Else, que se encuentra en depósito judicial cedido a ANSE.

El Else es un bonito velero de dos palos, denominado orgullosamente por su capitán “goleta escuela”, construido en madera en Dinamarca en el año 1951, con una eslora de poco más de 15 metros y una manga de 4,5. El barquito tiene su historia, como os podéis imaginar, siendo su anterior propietario un traficante de droga que lo utilizaba para pasar su mercancía a través de nuestras costas hasta que lo pillaron y le confiscaron el barco. El pobre quedó abandonado mucho tiempo en una dársena de Escombreras, sujeto a las inclemencias del tiempo y al pillaje de los desconsiderados, por lo que quedó reducido a apenas una ruina antes de que ANSE se hiciera cargo de él y empezara a restaurarlo para fines más nobles. Al escuchar la historia todavía hay gente que busca cuadernas huecas en busca del compartimiento secreto de los contrabandistas.
Su capitán y responsable de todos los que estamos a bordo es Carlos, antiguo Capitán de Fragata de la Armada, curtido en mil tormentas y contador de mil historias, cada una más sorprendente que la anterior. Dirige el barco con mano suave pero firme, al igual que a la colección de aficionados que tiene por tripulación, con paciencia cuado se requiere, pero con voz de mando atronadora cuando la situación apremia. En un bar de Águilas vimos una foto del capitán del Titanic, y se parecía sospechosamente a él, con la misma corpulencia y la misma barba blanca. Cuando se lo hicimos notar se reía diciendo que era su hermano mayor, el único que había fracasado en su familia.
Digamos que el segundo de a bordo podría ser Toño, que en realidad es el coordinador científico de la expedición, bueno, y el encargado de la logística y de muchas cosas. Muchachote de Bilbao, se mueve por el barco con la naturalidad de quien ya lleva bastante tiempo navegando, subiendo a la cofa, descolgándose del bauprés para ayudar al capitán en las maniobras de atraque y muchas otras cosas. También se encarga de que los aficionados como yo aprendamos a distinguir un delfín, de digamos, una bolsa de plástico flotante, y a reconocer las siluetas de todas las aves marinas que nos encontramos. También es un gran imitador de Florentino Fernández y puede hacer que te rías sin parar durante la tarde entera.
Del resto de la tripulación, Amaia es la única que no va de voluntaria, sino a trabajar de firme, pues viene en busca de datos para su tesis doctoral, datos relativos a los tiempos de inmersión de los juguetones Delfines listados, o eso, o nos ha engañado para poder quedarse en la cofa más tiempo que nadie, pues había días en los que no podías hacerla bajar de ahí arriba ni tentándola con la comida del día. Lo bueno era escuchar las grabaciones que dejaba en la grabadora digital de la que estaba provista, relativas a las inmersiones de los delfines, en las que las palabras clave eran “sale y se mete” una y otra vez, coreadas por las risas de fondo del resto, que no podíamos apuntarnos.
El resto conformamos la morralla, como nos llama cariñosamente Carlos, los curritos embarcados para realizar el esfuerzo de búsqueda. Y ahí teníamos a María, la morena barcelonesa, la del móvil con ruidos raros, como relinchos de caballo y rugidos de tigre, con su particular y expresiva forma de contar historias, estudiante del Ciencias del Mar (y para probarlo llevaba unos cuantos apuntes para pasearlos y que se airearan), y la única que creo que no se dejó la cabeza de algún golpe en el camarote. También estaba Susana, de Ciencias del Mar también, valenciana con risa de delfín, lo cual creo que facilitó los avistamientos, de los cuales ella hizo varios, por lo que creo que Toño habrá pensado más de una vez en utilizarla como cebo, para ver si así aumentaban los avistamientos. Y por último, Patricia, bióloga a falta de una asignatura, la rubia del grupo, utilizada vilmente en más de una ocasión para engatusar a camareros y dueños de restaurantes en casos de necesidad, como el agotamiento del gas de la cocina del barco a medio hacer la cena, catalana al igual que María, pero de Granollers. Fue mi compañera de cocina y limpieza, y con paciencia soportó mi inutilidad en las artes culinarias. Poco le faltó para hundir el barco a cabezazos.
Y yo, claro, pero no me corresponde atodescribirme, pues solo soy el relator de las cosas que suceden en este fantástico viaje

Jose Luis

1 Comentarios:

At 1:53 p. m., Blogger mmp said...

Pobre compañera tuya de cocinas...espero que hayas aprendido algo y nos deleites en la próxima reunión con alguna muestra de cocina elaborada más allá del sobre de sopa :p

 

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